La crisis económica y la caída del consumo volvieron a impactar de lleno en el entramado industrial del Noroeste argentino. La fábrica de electrodomésticos NEBA, radicada en el Parque Industrial El Pantanillo, en Catamarca, cerró de manera definitiva y dejó sin empleo a los 56 trabajadores que aún permanecían en actividad.
La firma, con más de cinco décadas de trayectoria en la provincia, había atravesado una primera paralización en 2020, cuando sus propietarios originales interrumpieron la producción. Posteriormente, el grupo empresario Libson adquirió la planta y la relanzó bajo la denominación “Nueva Neba”. Sin embargo, el deterioro del contexto macroeconómico y la retracción del mercado interno volvieron a poner en jaque la operatoria hasta desembocar en el cierre total.
De un crédito para expandirse al cese de actividades
El desenlace contrasta con el escenario de mediados del año pasado. En junio, la empresa había informado la obtención de financiamiento del Banco Nación, con respaldo del CFI, destinado a ampliar la planta industrial, sumar la fabricación de cocinas e incorporar 65 operarios.
No obstante, la caída sostenida de las ventas derivó en un proceso de ajuste escalonado que terminó por desarticular la estructura productiva:
- Octubre del año pasado: primera reestructuración con 15 despidos.
- 30 de enero de este año: cesantía de 34 empleados (quienes, tras tensas negociaciones, cobraron el 80% de su indemnización).
- Últimos días: cierre definitivo y despido de los 56 operarios que continuaban en la línea de producción.
El caso vuelve a encender señales de alerta sobre la industria local, especialmente en un rubro sensible como el de electrodomésticos, que depende en gran medida del consumo interno y del financiamiento.
Notificación verbal y preocupación social
Según publicó el diario catamarqueño El Ancasti, los trabajadores fueron informados de la desvinculación al presentarse en la planta para iniciar su jornada habitual, al igual que en instancias anteriores. La comunicación fue verbal.
En declaraciones a ese medio, uno de los operarios con 28 años de antigüedad describió el proceso que atravesaban: "La comunicación fue verbal. Ya veníamos con una situación incómoda porque mes a mes la producción venía en decremento. Siempre se venía detonando que era una dulce espera, una agonía".
En el mismo diálogo, el trabajador señaló el impacto de las condiciones del mercado: "El tema de la entrada libre de productos de afuera, que tienen menor costo que los que se fabrican acá, nos está dejando en el camino a todas estas familias".
Impacto en un mercado laboral contraído
El cierre tiene además un fuerte componente social. Más de la mitad de los empleados despedidos tiene entre 50 y 60 años, un segmento que enfrenta mayores dificultades para reinsertarse en un mercado laboral que muestra signos de retracción.
Otro trabajador, con 36 años dentro de la empresa, expresó: "Es una gran pena perder el puesto laboral, no solo por el trabajo sino porque no podemos llevar el pan a nuestras familias. Quedamos en el camino con una edad avanzada. Hoy el mercado laboral no tiene una gran demanda, al contrario, estamos abarrotados de gente que está quedando en el camino".
Antes de cerrar con esta edición, los operarios mantenían una protesta pacífica en el ingreso al predio fabril, mientras aguardaban avances en las negociaciones con la empresa para el pago de las indemnizaciones.
El cierre de NEBA no solo representa la pérdida de 56 puestos de trabajo directos, sino que también profundiza la preocupación por el presente de la industria en Catamarca, en un contexto marcado por la caída del consumo, la competencia de productos importados y el freno en la actividad manufacturera regional.